Testimonio Maximiliano y Analia

Feb 27, 2015   //   by Buenas-Nuevas   //   Testimonios  //  Sin comentarios

No queríamos perder la oportunidad de compartir con ustedes el milagro que ha hecho Dios en nuestra vida.

En el año 2011, Maxi y yo nos conocimos en el grupo de jóvenes de la iglesia. No nos llevó mucho tiempo darnos cuenta que queríamos compartir la vida juntos. Queríamos casarnos para comenzar a ser una familia. Sabíamos que eso iba a implicar varias cosas de acuerdo a las prioridades que estableciéramos. Y para nosotros, lo principal era poder tener nuestra CASA.

Comenzamos a orar, sabiendo que el proyecto que teníamos no era fácil. En ese entonces, solo trabajaba Maxi. Lo primero que hicimos fue pedirle a Dios un trabajo para mí. Luego de orar un año, Dios nos me dio un empleo, y este nos permitiría comenzar con nuestro proyecto. El sueldo que recibía no era una gran suma. Imagínense que para comprar una casa, teniendo en cuenta los ingresos que teníamos, nos iba a tomar unos cuantos años. Sin embargo, esto no nos importaba. Entendíamos que era sólo el comienzo de todo lo que nos propusiéramos.

Nos resultaba difícil el momento de diezmar. Uno quería hacerlo y el otro no. Igual, diezmábamos todos los meses.
Cuando llego el momento de la siembra a fines del 2012, en uno de nuestros corazones estaba el dar todo el aguinaldo. Empezábamos a sentir la paz y la confianza plena en Dios. Aunque en lo humano, ese importe iba a favorecer nuestros ahorros. A pesar ello, sembramos con alegría. Teníamos en claro que con esta siembra no estábamos negociando, o incentivando a Dios para que acelerara el milagro. Y que si en lo poco éramos fieles, conforme a su Palabra, algo mejor iba a venir.

Para febrero del 2013, charlamos con un miembro del Cuerpo Pastoral especialista en temas de finanzas. Queríamos que nos diera consejos en cómo invertir lo poco que teníamos, ó como debíamos organizarnos. Al principio, nos parecía que no era el momento de hacer consultas porque no teníamos prácticamente nada. Aún así, nos juntamos igual a charlar. Seguimos sus consejos. Por un lado, sabíamos que la mano de Dios siempre estaba; y por otro, comprendíamos que también debíamos hacer un esfuerzo de nuestra parte. Por ende, le dijimos: no al shopping, a ir a cenar afuera, a ir al cine todos los meses, a comprar la última zapatilla o ropa de moda, etc. Aunque no nos importaban esas cosas, porque para nosotros era más importante nuestro un objetivo, había días tristes. Especialmente cuando nos poníamos a hacer números, y cada vez todo se hacía más lejano. De todos modos, no perdíamos las esperanzas.

En agosto del 2013, no podía continuar en el trabajo que estaba. Y aunque no tenía idea cuándo encontraría otro, contábamos con una tranquilidad inexplicable. Así como Dios había actuado antes, iba a actuar otra vez. Y fue así como un viernes dejé ese trabajo y al martes siguiente, me notificaban que había entrado en un lugar mucho mejor, y con el doble de sueldo.

Para diciembre del 2013, nuestros planes eran casarnos en un año. Y nuestro deseo de comprar una casa también aumentaba. El tiempo pasaba y nuestro proyecto se veía más lejano. Empezamos buscando una propiedad para alquilar, algo que no nos gustaba mucho. Viendo que la zona nos quedara bien para viajar tanto a la iglesia como al trabajo. Debemos decir que Dios trabajó mucho con nosotros.

Si recuerdan, enero del 2014 fue un mes terrible económicamente: la devaluación de la moneda, la inflación, un caos total. Situación que generaba menos posibilidades de adquirir la casa. Y en medio de esa situación se presenta la oportunidad de comprar una. Era la misma era una que habíamos visto juntos por el año 2011. Nos gustaba a pesar de que era una casa para reciclar y hacerle de todo.

Era realmente imposible. No teníamos muchas opciones. Y menos teniendo en cuenta nuestros ahorros. Para nosotros, la única salida era ir al banco y ver qué posibilidades había de que nos dieran el inmenso monto que nos faltaba. A pesar de la turbulencia cambiaria en la que se encontrara el país, orábamos, y le pedíamos a familiares y amigos cercanos que nos acompañaran en oración, pidiendo ante todo tranquilidad, sabiendo que no teníamos que forzar nada; que si las cosas venían de Su mano todo iba a tomar el curso correspondiente.

Dios nos respondió, y para ser muy sinceros de una manera que no podemos describir. Puso adelante nuestro una persona que nos prestaría el dinero que nos faltaba para comprar la propiedad. No se imaginan lo que fue ese momento, no lo podíamos creer. No fue necesario recurrir al banco. El milagro se dio en quince días aproximadamente. Dios preparo todo. No hubo que forzar nada. Las puertas se abrieron una detrás de la otra.

A 10 meses de esto, nos sentamos en casa y nos quedamos sin palabras. La propiedad ya ha ido tomando el estilo que nosotros queríamos. Obviamente seguimos trabajando duro. Tenemos una deuda grande por pagar, pero después de todo lo vivido no nos quedan dudas de los milagros que Dios hace. Más allá del esfuerzo que realizamos, sabemos que es todo gracias a la misericordia que El nos tiene, de lo mucho que nos ama.

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